SUPREMATISMO Nº 58

La representación de la arquitectura como manifiesto.

 Kasimir Malevich 1916

Malevich Supremus Nº58

Cuando en 1916 Kasimir Severinovich Malevich realiza el suprematismo nº 58 cuenta con 38 años. En Diciembre de 1915 muestra en la última exposición futurista, denominada “cero con diez” y celebrada en la galería Nadiejda Dobichina de San Petersburgo, treinta y nueve obras suprematistas entre ellas la conocida Cuadrángulo o Cuadrado Negro.

Mavelich

Malevich propone liberar a las artes figurativas de la representación objetiva para  optar por la “la supremacía  de la pura sensibilidad plástica”. Su abstraccionismo geométrico se deriva del cubismo por su extremada simplificación y una reducción de éste a las figuras elementales de la geometría: el rectángulo, el triángulo, la línea y la circunferencia o como el mismo comenta: “pero el éxtasis de la libertad de la no-objetividad me empujo al desierto donde no existe otra realidad que la sensibilidad….y así, la sensibilidad se convirtió en el único contenido de mi vida”.

En 1914 comienza la Primera Guerra Mundial y con ella el desarrollo de la aviación con los hermanos Wright a la cabeza. Este acontecimiento influye notablemente en Malevich que introduce en su pintura suprematista un aspecto más dinámico en donde las formas parecen flotar en el lienzo con una pretendida antigravedad. Dentro de este período podemos incluir el cuadro denominado suprematismo nº 58. Se trata de un óleo sobre lienzo de 80×70 cm que se puede contemplar en el Museo del Estado Ruso de San. Petersburgo. En él una serie de rectángulos de colores básicos se relacionan visualmente a partir de un eje diagonal que desmembra el cuadro formando una constelación de masas pictóricas que en ocasiones flotan, se mantienen en suspensión, se solapan, o planean sobre el fondo. En esta ocasión en el fondo blanco, introducido por Malevich para “destruir el azul del cielo”, introduce una gran masa curvilínea de color a modo de sustrato cromático que ejerce una notable influencia sobre las formas menores de la composición. Este arte de laboratorio con su configuración supone en definitiva abrir el plano del cuadro para dotarle de profundidad mediante contrastes cromáticos de color e intensidad. Superposición, transparencia, antigravedad, flotabilidad, contraste visual cromático, la potenciación del vacío como elemento ordenador son los ejes sobre los que se realizarán las composiciones bidimensionales suprematistas.

Casi sesenta años mas tarde, en 1972, la arquitecta iraní Zaha Hadid estudia en la Architectural Association en Londres bajo la dirección de Alvin Boyarsky. Durante sus estudios se le encargó a su unidad de curso un estudio llamado “el proyecto Malevich” en donde se debía estudiar la estética suprematista. Este hecho la llevó en una dirección proyectual única que influyó notablemente en sus inicios. Para Hadid el suprematismo pictórico se traslada a la arquitectura en la resolución de las plantas, en su fluidez, en la adopción arquitectónica de signos ajenos a la arquitectura. En definitiva se trata de adoptar los mecanismos de composición de Malevich para mediante un proceso de metamorfosis aplicarlos a la arquitectura dando como resultado lo que algunos han denominado suprematismo cúfico.

En 1982 Hadid gana el concurso del club The Peak. Se trata de un proyecto enclavado en una colina rocosa que literalmente domina la ciudad y la bahía de Hong Kong situada más abajo. De alguna manera su situación se contamina de la congestión de la ciudad si bien su programa invita a mitigar este efecto. Con objeto de subrayar las dramáticas condiciones visuales del solar, el proyecto se resuelve en un apilamiento horizontal y vertical de plantas, de terrazas y de piezas suspendidas en vacíos dispuestas a la manera suprematista. La fluidez de las plantas, la apariencia antigravitatoria y ligera, la fragmentación, el azar perfectamente calculado, el contacto del edificio con el plano del suelo buscando la permeabilidad con el paisaje, son ideas aprendidas de Malevich. Se construye una arquitectura que, con el acantilado como telón de fondo, parece suspenderse en el vacío para constituir una moderna geología. Lo importante es el vacío convertido en un nuevo paisaje arquitectónico y es aquí donde se sitúa el programa del club con piezas que a distintas alturas parecen flotar en un espacio de 13 m. de altura delimitado superior e inferiormente por los volúmenes que acogen las otras piezas de programa. Como no podría ser de otra manera la representación gráfica de las plantas recogen todos estos conceptos derivados del suprematismo mediante la representación simultánea de las mismas  que parecen flotar en un espacio infinito e ilimitado definido por el blanco del papel. Las plantas entendidas como formas geométricas puras, recogen en su resolución los aspectos de fluidez y simetría anticartesiana contribuyendo al registro dinámico antigravitacional y casi cosmológico del conjunto. Sin duda las coincidencias graficas con el lienzo denominado suprematismo nº 58 que encabeza este escrito, no hacen sino reforzar la idea de la representación arquitectónica como manifiesto.

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